Imaginarte

Crear escenarios perfectos no sirve de mucho, solo provoca que las ganas de estar con él crezcan más. No tiene nada de complicado saludarlo, es tan simple como dejar salir un “HOLA” y sonreír, pero justo cuando llega ese momento las cosas cambian radicalmente, agacho la cabeza  y me sumerjo en mi propia timidez, esto no puede seguir así, sé que no puedo continuar de esta manera porque las cosas cambian de un momento a otro, ni siquiera me daré cuenta del tiempo que perdí hasta que le vea con alguien más y me arrepentiré por no haberle hablado cuando tenía la oportunidad.

Y es que verle alegra completamente mi día; no pensé que volvería a sentirme así, no pensé que alguien más pudiera llamar mi atención, o al menos yo no lo tenía planeado, pero al parecer es cierto que en asuntos del corazón no se manda, siento que me quedo sin tiempo, sin esperanzas, todo se complica. Necesito actuar ahora, pero ¿Cómo?

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¿Miedos absurdos?

No sé cómo hablarle, me es muy difícil acercarme a él e intentar entablar una conversación, no tengo excusa alguna para acercarme a él. Quisiera ser más valiente, acercarme y saludarle, pero no puedo, todo es complicado…o tal vez no, tal vez sea yo quien lo complica todo; dicen que la vida es muy corta como para estar esperando a que las cosas lleguen por sí solas, y que es mejor arriesgarse y ver qué pasa a no arriesgarse y torturarse por lo que pudo haber pasado si hubiera hecho algo antes.

No puedo asegurar que él sea el indicado, pero no quiero esperar a nada, no quiero ser de esas personas que después se arrepienten por lo que pudieron haber vivido si hubiesen sido más valientes, más atrevidas, no quiero cargar con remordimientos, ni culpas. Quiero arriesgarme, pero el miedo cada vez es mayor, el miedo me tiene en una especie de burbuja de metal que cada vez es más difícil de romper, nuca en mi vida me he arriesgado, es decir, no de esta manera; quisiera saber si a él también le importo aunque sea un poquito para tomar el riesgo y que sea lo que tenga que ser, pero lastimosamente esto no funciona así, no puedes saber lo que la otra persona piensa si no se lo preguntas antes. Todo es caos en mi cabeza y en mi vida.  Él me importa, por eso intento cada día tomar el valor de ir hacía él y hablarle, pero el valor se me va cuando a mi mente llega la posible opción que más temo, que él me rechace, quedar como amigos sería una gran ventaja, pero sería una de las opciones menos probables,  se ve que es de esas personas que son muy reservadas y que no dejan entrar a cualquiera a su vida.

Nuevo amor

Después de aquél amor tóxico, de todas las promesas fallidas, después de las decepciones, después de todo, siempre llega un nuevo amor, una nueva ilusión que te hace ver que realmente puedes volver a querer, volver a emocionarte con tan solo escuchar su nombre, con tan solo pensarlo, con tan solo mirarlo.

Llega ese nuevo amor, ese que te vuelve a la vida, que te vuelve a alegrar, que hace tus días más bonitos y menos agobiantes, pero ¿Qué pasa cuando solo tú sientes eso especial por alguien que no te toma en cuenta o que solo te ha visto un par de veces sin ninguna intención de llegar a algo más que unos simples conocidos?

Es triste sentir que alguien es especial en tu vida cuando sabes que tú no lo eres en la suya, es frustrante no poder hablarle por ser tímida, por sentir que te rechazará y que ni siquiera aceptaría ser tu amigo; es desesperante no poder decirle lo que sientes por miedo a que diga que ni siquiera te conoce y te tache de loca. Si quieres que alguien se interese en ti, debes acercarte a él, pero ¿Y si él no quiere acercarse a mí?

Prefiero no arriesgarme a su rechazo, y mirarle de vez en cuando, a escondidas intentando disimular ese sentimiento.

Soledad

Hay días en los que te sientes triste, en los que sientes un vacío y una decepción profunda porque las cosas no funcionaron o no pasaron como esperabas.

Los recuerdos te invaden, las cosas que fueron hermosas, esos sentimientos, esos abrazos, esas risas, todo eso se queda en el pasado; cuando terminas algo no sabes si podrás seguir adelante, y no me refiero a que sientas que te mueres por alguien o por algo, sino a que estás tan confundido que no sabes cómo rehacer algo que no has terminado de comprender, tienes miedo, tienes inseguridades, buscas volver a sentir lo mismo, pero a la vez lo evitas, es algo que te asusta. Hay momentos en los que experimento esas sensaciones, me siento sola, pero no quiero estar sola, a veces extraño sentir esas emociones tan maravillosas a flor de piel, extraño salir de noche a caminar y ver el cielo, extraño sentir el aire frío pasar por mi piel durante la noche, extraño esas conversaciones nocturnas en las que puedes preguntarte el por qué necesitamos el aire para respirar, el porqué sentimos, necesito sentir que soy comprendida aunque sea una fantasía, aunque sea una ilusión. También hay días en los que extraño su presencia, pero sé qué valgo, y lo que no volveré a permitir, simplemente extraño esos días en los que todo era lindo, hecho de menos esos días en los que parecía que le interesaba a alguien. No es que no sepa vivir, no significa que mi vida sea miserable, no significa que quiera morir o que esté deprimida, simplemente extraño esos días en los que todo parecía ir bien, en los que la tranquilidad, y los problemas parecían no afectarme; hay días en que los recuerdos se juntan y te pesan causando un dolor interno, hay días en los que piensas “¿Qué hubiera pasado si…?” “¿Cómo sería todo si hubiera tomado una decisión o un camino distintos?” ¿Sería más feliz?

Simplemente son de esos pocos o muchos días en los que te pones a reflexionar sobre cómo ha sido tu vida, y cómo te afectaron o te siguen afectando las decisiones del pasado. En mi caso, nada se han ido.

Promesas

Prometió tanto, pero dio tan poco. Sus promesas fueron palabras vacías, para él no significaron nada, pero para mí significaron todo; teníamos planes, muchísimos planes juntos, yo estaba tan segura de pasar toda mi vida junto a él, para mí él era el indicado, era el amor de mi vida, supongo que el planear las cosas fue lo que hizo que todo se fuera abajo.

Hablamos de familia, de boda, de lugares en los que viviríamos, yo estaba tan entusiasmada, sentía que él me tomaba muy en serio, aunque mis padres no sabían de él, pero él me hacía feliz y no podía pedirle nada más.

Yo realmente creí que me amaba, creí que él cambiaría, creí que sería diferente por mí…pero no fue así, me equivoqué, fui tan tonta al pensar que él realmente confiaba en mí, que me amaba y que me tomaba en serio, ahora estoy convencida que él solo se mostró como le convenía, no cómo realmente era; sus inseguridades, sus dramas, sus celos, sus reclamos y sus palabras hirientes llevaron esta relación a su fin. Le dejé, muchas veces le dejé, pero no le solté ¿Por qué? Porque prometía que cambiaría, que su actitud sería como al inicio, decía que confiaría en mí, decía que me amaba, prometía no volver a molestarse por tonterías, prometía no volver a ser hiriente, prometía que todo sería diferente, que todo sería como antes; la realidad era que él no estaba dispuesto a cambiar, ni por mí, ni por él, ni por nadie. Fácilmente puedo asegurar que le di mas de 20 oportunidades para cambiar, pero no lo hizo porque en realidad yo no le importaba, nunca le importé, solo fui una especie de consuelo para su triste y solitaria vida.

La primera vez que terminó conmigo prometió no volverlo a hacer, prometió que estaría siempre conmigo, sin embargo, dos semanas después terminó conmigo nuevamente y me bloqueó de las redes sociales, regresamos porque él me lo pidió, yo acepté esperando un cambio real, pero no fue así, volvió a terminar conmigo un mes después ¿Volvimos? Sí, realizó la misma promesa y le creí, y es que él era tan convincente que volvía a caer. Él me terminó 12 veces en casi dos años, y cada vez me pedía que lo perdonara, que regresáramos prometiendo que no volvería a comportarse inmaduramente. Supongo que la razón por la que terminó conmigo tantas veces fue porque sabía que me tenía para él completamente, él estaba tan seguro de que yo le amaba que se aprovechaba de ese amor para tratarme de la peor manera porque no había una verdadera reacción de mi parte que le indicara que yo me valoraba, no había una reacción de indiferencia o una señal que le indicara que me estaba perdiendo.

La sexta vez que terminó conmigo entendí que él no sabía qué quería realmente, entendí que él no cambiaría, y que las cosas entre nosotros eran muy cotidianas, yo todavía le amaba, y mucho, por eso regresaba con él, intentaba “arreglar” las cosas con él, no me daba cuenta que no había nada qué arreglar; la séptima vez y las siguientes ya no las tomaba en serio, pué sabía que él me pediría que regresáramos, y así era, pero todo era mas confuso para mí, mis sentimientos se modificaron ligeramente, comencé a sentir el peso de la indiferencia, de la cotidianidad, de la falta de amor. La doceava vez que me terminó tomé una decisión, y es que ya no estaba dispuesta a soportar su actitud, si realmente me amaba iba a luchar por mí, por mi amor y por un lugar en mi vida; ahora yo me alejé de él, le dije que se olvidara de mí, le dejé muy claro que si lo que me dijo era lo que realmente pensaba entonces no tenía caso seguir, y no porque quisiera que me rogara, sino porque sus palabras me habían hecho pedazos, sus palabras me lastimaron a tal grado de que todos los buenos momentos se desvanecieron, lamentablemente mi posición no duró mucho, pues esa misma tarde nos vimos y “arreglamos” las cosas, pero en realidad mi dolor seguía, sus palabras estaban tan presentes en mi cabeza que me era imposible perdonarle, hasta ahora sus palabras siguen dándome vueltas provocando que me lamente por todo lo que le permití.

El primer beso

¿Recuerdas tu primer beso? Ese beso que te robó el aliento, ese beso que te hizo sentir un enorme cosquilleo en el estómago y que te provocó escalofríos en la piel, ese beso que te hizo creer que todo estaría bien y que estarías siempre segura y a salvo ¿Lo recuerdas?

Todos tenemos ese primer beso del que probablemente nos arrepentimos o tal vez no. Lo recuerdo tan claramente, no lo esperaba, solo ocurrió; ese día habíamos quedado de vernos en una plaza después de mis practicas, le dije a mis papás que después de éstas iría al colegio por un proyecto pendiente, todo estaba arreglado y sería la primera vez que le vería fuera del colegio, estaríamos a solas y sin ningún conocido que pudiera interrumpirnos. Llegué al estacionamiento de la plaza a la hora pactada, él no estaba, le envíe un mensaje y me dijo que ya estaba ahí pero tampoco podía verme, bajé un piso, caminé un poco más y entonces le vi, paré en seco y sentí cómo mi corazón se aceleraba; ya no estaba segura si era una buena idea, quería salir corriendo, pero mis piernas no me respondían, él caminaba hacía mí mientras yo le miraba, sabía que no podía hecharme a correr, sabía que quería estar ahí con él, estando frente a mí sonrió, tomó mis manos y me miró por unos segundos, poco a poco se fue acercando y cuando su rostro estaba lo suficientemente cerca del mío, me besó; estaba asustada, temía que no pudiera corresponderle o que al besarme no sintiera nada, pero no fue así, sus labios eran tan frescos, tan suaves, al besarme todo cambió, vi las cosas de otro modo, vi todo “color de rosa”, ese beso me robó el corazón, me robó mi tranquilidad y mi fuerza de voluntad, estaba a su merced, era vulnerable hacía él, ese beso fue el inicio de algo maravilloso, pero también de algo desastroso, es imposible imaginar que un historia tan bonita se convierta en una pesadilla en tan poco tiempo.

Cuando me besó, sentí que estábamos destinados a estar juntos y que podría confiar en él y que contaría con él incondicionalmente, pero no fue así, todo fue un espejismo, y es que sus palabras y acciones eran tan convincentes que jamás pensé que él me lastimaría. Los besos que un día me llenaron de calma rápidamente fueron sustituidos por sentimientos de culpa y por llantos nocturnos.

El chico con el que soñé

Él parecía ser ese chico con el que siempre soñé. Siempre quise a mi lado a alguien que me amara incondicionalmente, que me cuidara, que me hablara de amor y de poesía, que me recitara poemas o que me escribiera cartas en donde expresara sus sentimientos más profundos y más ocultos hacía mí, quería a alguien que me hablara de sus metas, sueños y fantasías, quería que el chico que llegara a robar mi corazón me cortejara ¿Ridículo? No, no era ridículo soñar con el amor o con el “chico perfecto”; buscaba a alguien que fuera totalmente diferente en este mundo tan común, tan vago y tan jodido, quería sentirme importante para alguien, quería que alguien me amara por quién soy y no por cómo soy, quería tantas cosas ¿Acaso hice mal en pedir tanto? Tal vez sí, tal vez no, tal vez buscaba la perfección en donde no la hay, tal vez buscaba ser amada porque no podía amarme a mí misma, tal vez buscaba un poquito de felicidad en mi triste vida, tal vez no supe elegir la persona, el lugar y el momento adecuado, pero lo cierto es que disfruté lo poco que esa persona pudo darme, ese poco cariño, esa poca comprensión, esa poca atención, esa poca felicidad, ese mundo de ilusión, todo eso lo disfruté. Estaba sedienta de cariño, pero lo poco que recibí fue océano para mí, al menos en su momento lo fue; ahora solo pienso que no debí recibir nada a medias, no debí buscar la perfección en donde no la había, no debí pensar en lo que jamás sucedería, no debí ilucionarme con algo que estaba destinado a fracasar, bien dicen que lo que mal empieza, mal acaba.

Él era atento, lindo, formal, educado, tierno, me cuidaba y trataba tan delicadamente, realmente me amaba o al menos eso me hizo creer; él era realmente perfecto, aunque nunca me escribió una carta o recitó un poema, o me regaló una flor o un chocolate, era perfecto por quién era, era perfecto para mí, pero después cambió, poco a poco fue mostrando quien era realmente, poco a poco comenzó a marchitarme, poco a poco iba consumiendo mi resplandor, el resplandor que él había provocado, poco a poco iba dejándome sin aire, cada día que pasaba me sentía mas insegura, pero no hablo de la inseguridad física sino de la inseguridad emocional, ya no sabía qué hablar con él, qué decirle, poco a poco me fui cerrando, me fui sofocando, cuando algo importante ocurría o algo me angustiaba ya no podía contar con él ¿Por qué? Porque cuando fui sincera y abierta con él comenzó a fallarme, comenzó con las inseguridades, comenzó a romperme el alma ¿Por qué le permitía que me hiciera eso? Ahora que lo pienso, creo que era porque él sabía cómo hacerme sentir culpable por sus acciones, en ese entonces era ingenua, inocente, veía el mundo con menos maldad, le di poder sobre mí, le hice dueño de mi vida, pero ahora eso se acabó.